Juan Antonio Acosta Hernández, de 38 años, deambuló durante una década por las calles del Viejo San Juan y, ayer, cinco años después de pedirle una limosna a Mercedes Román Riefkhol se casó con ella en una boda organizada por un grupo de sanjuaneros.
Los vecinos, en su mayoría mujeres, se unieron para celebrar una ocasión casi tan histórica como la antigua ciudad. Donaron el bizcocho, las flores, la comida, la ropa de los contrayentes, la estadía en un hotel para la luna de miel, la música y hasta los anillos.
La sorpresiva transformación del hombre adicto a las drogas, que caminaba tan doblado que casi tocaba el suelo, en un joven que está casi derecho, sin vicios, y con ganas de vivir, fue lo que motivó a la comunidad a celebrar su alegría.
“Nosotros nos pasamos quejándonos de la situación aquí en el viejo San Juan con los deambulantes, y cuando vemos uno que se rehabilita y podemos ser parte de la solución, ayudamos”, dijo Frank Rapales, que cooperó con la comida, decoración y el montaje de la carpa y mesas en la Plaza La Barandilla, donde se hizo la celebración luego del casamiento en la Iglesia de San Francisco.
“Es un cuento de hadas para mucha gente pero para nosotros es una realidad diaria”, manifestó Rapales.
Junto a él, Elsa y Gloria Rosselló acomodaban los pasteles de yuca con pollo o con bacalao, el budín y el antipasto que hicieron para el convite.
Allí también estaba Carmen Delia López, que le regaló los aros a la pareja. “Un día vi al grupo que estaba ayudando y les pregunté qué podía hacer y dije: ‘yo tengo un regalo muy lindo, los aros de mi primer matrimonio’”.
López, que acostumbra cooperar con el prójimo según dijo, aseguró que la historia de la pareja “fue un milagro del Señor”.
También fueron parte del comité organizador comerciantes de la Bombonera, Punta Pie, El Jibarito, el hotel Milano, la Mallorca, y la Fundación Francisco López Cruz, que donó el bizcocho de tres pisos con una figura de San Lázaro.
Ada Rodríguez, de La Mallorca, que se amaneció el sábado con otras personas haciendo los arreglos florales para la boda, destacó que el proceso unió a la comunidad. “Esto sirvió para conocer más a personas que veíamos antes y no les hablábamos”, dijo la comerciante, quien llegó a pelearse con Acosta.
El ex deambulante “era muy noble y agradecido”, señaló la mujer que no dudó en ayudar cuando lo vió rehabilitado. “Todas las personas que lo han visto han sentido la presencia de Dios”, agregó.
Eso fue lo que vio la mujer que se convirtió en su esposa ayer, Mercedes Román.
La risueña novia lució un vestido crema con flores, una estola roja y una orquídea amarilla en el cabello. Contó que conoció a Acosta cuando éste le tocó a la ventana del carro para pedirle limosna.
“Ella se me quedó mirando y yo empecé a llorar”, contó el, que ayer uso muletas para caminar.
Dos semanas más tarde ella lo volvió a ver. Román le compró el desayuno y él le contó su vida, en cuyos años tempranos un caballo lo pateó y lo dejó con una joroba. “Vi a Jesús así sobre su cabeza”, dijo la novia, una devota católica.
“Me empezó a besar y a llorar”, recordó Acosta sobre aquél momento, que marcó un periodo de encuentros sabatinos. Ella, dijo él, “me llegó a buscar hasta en el punto (de drogas)”.
Luego de un periodo de enfermedad de ambos, que en el caso de él fue tan grave que estuvo hospitalizado un año, Acosta decidió dejar la vida que lo tenía “cansado” y empezar de nuevo.
Esa decisión ha sido particularmente buena para su hijo, Juan Acosta, de 19 años, a quien le había prometido que dejaría de usar drogas si terminaba el cuarto año de escuela superior.
“Ahora me siento más orgulloso porque lo hizo por mí y por él. Ya él me pagó a mí, ahora tiene que cumplir con Mercedes, dijo Juan. Tengo que estudiar para que él se sienta orgulloso de mí”.
Fuente:Endi.com